Escrito por Guillermo Marin
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27 Septiembre 2006
La palabra es mágica y contiene en la vibración su propia energía. Los mexicanos, desde tiempos inmemoriales, somos una cultura oral por excelencia. Los códices del México antiguo no fueron libros como los de Europa. Los Viejos Abuelos los usaban como recursos nemotécnicos para acordarse de las milenarias historias de poder, que tenían la capacidad de transformar la vida de las personas. El mito y la mística fluyen a través de la palabra. Las palabras verdaderas que salen de un rostro propio y de un corazón florecido arriban como semillas en los fértiles corazones del devoto escucha.
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