Plazas, Casas y Jardines
| 27 Septiembre 2006
Indiscutiblemente la Tierra es un ser vivo, que tiene conciencia y que siente y nos siente y que se va a morir. Las fuerzas magnéticas que se desprenden de las profundidades de estos maravillosos valles, hacen que la materia levemente se transforme, sutilmente se "prende" de esta energía y contamina todo su entorno. No fue casualidad que los Viejos Abuelos, hace dos mil quinientos años, hayan decidido precisamente construir en este valle, ese portentoso monumento al espíritu humano que hoy llamamos Monte Alban.




































