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RUBÉN LEYVA.

Cuando llegué a trabajar a la Casa de la Cultura Oaxaqueña, al inicio de la década de los años ochentas tuve la oportunidad de conocer a un joven pintor que se caracterizaba por su rebeldía al “estatus quo”. De espíritu inquieto, Leyva se diferenciaba de los demás por su actitud cimarrona y su permanente sonrisa.

Años más tarde, fuimos vecinos y coincidíamos en las mañanas para ir a trotar a la pista del CRENO. En aquellas pláticas mañaneras, pude ver el cambio que había operado en Rubén el paso del tiempo, y aunque no había visto su nueva obra, sabía que el espíritu inquieto al fin había encontrado “su centro y su camino”.

Rubén Leyva, en medio de lo que han llamado algunos “La escuela oaxaqueña”, realizó sus propios trazos y usó sus propios materiales con lo más profundo de su ser. Leyva siempre ha sido auténtico. El resultado fue que logró abrir las pesadas compuertas que apresan en el hombre la esencia más pura de su alma lúdica. Rubén logró hace florecer al niño que ve el mundo con un optimismo casi ingenuo. Encontrando en la sencillez y en la luminosidad de los colores, la esencia primigenia del mundo.

“En aquella época, era mucho riesgo para el joven que le quería dar un giro a su vida. Porque en esos momentos de mi vida estaba tratando de definir lo que haría el resto de mi existencia. Pero además era el compromiso de que si me iba a dedicar a pintar, debía pintar bien. Tenía que pensar a dónde me iba a llevar mi pintura. El decidirlo no fue algo que me costó mucho trabajo, pero si me quitó muchas horas de sueño, pues en esos momentos de mi juventud, tenía varias cartas en las manos, y la pintura, era la que a mi me gustaba y así la elegí.

Y lo que llegué a pensar es que yo no perdía nada, porque también tenía la seguridad del trabajo que hacía tan diferente hace veintitantos años, era algo que podía crecer y lo veía. Y con lo poco que yo hacía, hubo un encuentro con el maestro Rufino Tamayo, que me acuerdo que tu me lo presentaste… y después de ver mi trabajo, me vio a los ojos y me dijo –mucho gusto, eres un joven que va a ser un buen pintor. Y la verdad me dio mucho gusto escuchar eso pero, el que me lo haya dicho él (y eso que no soy gente que canoniza e idolatra a nadie), en ese justo momento que yo lo necesitaba; fue como haberme dado el impulso de un cohete… no me la creí, tomé demasiado en serio lo que me había dicho… y la verdad, lo he tratado de hacer realidad hasta donde he podido.

Posteriormente estuve en muchas actividades participando con el maestro Tamayo y creo que a él le hubiera dado mucho gusto saber que aquél muchacho que saludó y le estrechó la mano era yo… Rufino Tamayo me pasó mucha energía. Después, en unos años más estuve exponiendo con él en exposiciones colectivas… incluso ahora estamos los dos en Italia. Qué más puedo yo pedir de ese inicio, de ese apadrinamiento. Fue algo que me dio mucha energía.

En este tiempo ha habido muchos cambios, no sólo pictóricos. Cambios de pensamiento. Siempre he sido una persona irreverente, en el sentido de rechazar lo convencional. Me gusta ser lúdico, juego mucho en la plástica, en los espacios cuando estoy con alguien. Eso me permite tener un panorama diferente en mi pintura, pero considero que mi trabajo es un juego muy serio. Me ha gustado mucho el proceso que he tenido. De lo que queda de ese pasado, es un gran recuerdo. Porque nadie le apostaba a mi trabajo… pero yo si. Lo que más importaba es lo que yo pensaba.

Siempre he visto un poco más adelante. Estoy pintando esto ahorita, pero… se lo que voy a pintar en los próximos cinco años. Lo veo. Y eso lo disfruto mucho. Cuando las referencias filosóficas y personales -las cotidianas que tu puedes ver-, te salen y te sorprenden. Pero cuando eres pintor hay que entenderlas mejor todavía. Entender que solamente jugando te puedes conocer. Es como resultan las cosas, es como te desbordas prácticamente. Y es cuando te conoces, qué tan capaz eres de  descubrirte a ti mismo y descubrir lo que tú puedes hacer. Eso es impresionante.

Es muy delicado, pero al mismo tiempo resulta brutal, reírte de tu propia locura. Existe una comunicación interna y no puedes dejar de hacerlo. Entender esa “locura interna” que todos tenemos se disfruta mucho, pero también entiendes y te sorprende, y dices…-cómo es que yo hago estas cosas-. Y al empezar a “razonar”, empieza a tornarse delicado el asunto. Me gusta llegar hasta ahí. Es algo que no lo puedes controlar. Porque es tu manera de ser. Pero “entras y sales”.

 

Yo me siento bien fuera de Oaxaca, la mayoría de las veces. Es muy importante, en la última exposición en Alemania hubo una plática donde podía yo hablar, lo que no puedo hablar aquí.  Externar mis puntos de vista como alguien que tenía el terreno para hacerlo. Hablar del arte alemán, del impresionismo alemán, aceptar nuestro arte mexicano y nuestro arte contemporáneo. Criticar el muralismo también, que ha sido un freno para nuestra visión plástica, y toda una serie de cosas que me tienen contento y descontento, las puedo hablar mejor. Porque si es en Oaxaca se te cuestiona mucho y se te puede acusar “anti”. Para mi son los terrenos idóneos, en los cuales puedo mostrarme y hablar.

 

Mi obra la reciben bien en todas partes. Siempre es muy bien acogida. Siempre la pregunta que no hace falta… ¿y usted, por qué no pinta monitas? Este es el resultado, cuando la gente conoce tu trabajo, pregunta por que pinto diferente. Un cliché que establece la pintura mexicana y es precisamente esto, lo que me permite hablar de mi percepción de la pintura. Entonces puedo decir que, por esto y por aquello otro, y dejar claramente mi posición.

Pienso que en un futuro mi pintura será más abstracta. Todavía más abstracta y va estar sustentada en la carga de los años. No creo en la inspiración, creo en el ejercicio y en el oficio y en el trabajo como lo tengo en mis manos y la visión y el futuro de mi obra, también está en mis manos, puedo ver muy bien, que voy a estar pintando en unos cinco años.

Mi ritmo de trabajo es fuerte. Hago artes-objetos, escultura, pinto y ejerzo la arquitecta, que por cierto me da mucho placer. Mi técnica es 90% de sudor y 10% de talento. Lo que implica que te va dejando mucho oficio. Puedes sacar todos los recursos, habidos y por haber, de veintitantos años. Ya los cuadros son nítidos, muy limpios, sin  repetirse. Sin el conflicto de lo anterior y con seis horas que trabajes diarias, sacas adelante la obra.

Por mi trabajo, ya no tengo tiempo de participar con los amigos pintores. De joven ejercía el oficio de “hipiteca”, eso no lo puedo negar. Pero ya no era posible seguir “intelectualizando y filosofando” y componiendo al mundo. Si no me hubiera dedicado a la pintura, seguramente me habría dedicado a un oficio. Me gusta mucho la mecánica. Me gustan las herramientas. Me gusta la madera y la carpintería. Me gusta el trabajo con las manos. Creo que por ahí hubiera sido. Pero como era yo un inconforme…

Soy una persona que a veces se ve molesta. Genero esa imagen. Soy un inconforme y soy una persona que vive en la inconformidad. Que vive criticando el qué mal esta repartido todo. En que malos gobiernos hemos tenido. Todo eso me genera un malestar y es una constante en mí. Esto se manifiesta en mi trabajo. Yo no necesito pintar fusiles, ni ahorcados o personajes tiranos… pienso que el desafío es convertirse en un revolucionario en el arte. Y eso te da mayor oportunidad de penetrar donde tú quieras.  

Soy una persona que abrió su parte de niño. Esa parte que generalmente todos escondemos. Y no sólo lo abrí para que la gente le guste o se mofe o recuerde, o lo que tú quieras. Sino también influencié. Existen pintores que siguen haciendo eso.  Existe mucha gente que se ha dejado seducir por esa parte lúdica e infantil, que todos tenemos. Lo veo y lo siento, para mi es muy palpable.

Yo no voy a envejecer. Cuando te hablaba de lo que pintaré en cinco años, será una obra muy contemporánea contra mi figura. Y creo que más vale ver mi trabajo, que es lo que más importa. Es un desafío. Mi obra será muy contemporánea y muy loca, pero con mucha plenitud. Siempre he respetado mucho mis procesos.
 

 

 
Cuando pinto, abro mis compuertas y me importan muy poco los resultados. No pinto con miedo. Pero tampoco puedo dejarte de decir que me encanta esa parte cuando entra el impresionismo y me encanta la aplicación de la luz y el color. Y de ahí me puedo saltar a algo que me gusta y me encanta, que es el grupo “Cobra”. Y de ahí me puedo saltar a lo nuestro, que es una herencia cultural vasta, pero hay que saberla acoplar, para que tenga ese contexto universal, y para eso hay que jugar. Para pintar, se debe tener gusto para hacer pintura, si no se tiene, hay que dedicarse a otra cosa.

Si en realidad existe la mal llamada “escuela oaxaqueña”, que ya ha disminuido o no se si ha crecido. Yo he estado fuera de ese mundo. He disfrutado vivir a “contracorriente”. No por ser un anarquista enfermo, sino como los hermanos Flores Magón, (me encantaba leerlos). Alguien que critica, pero que propone. Soy un hombre libre y vivo la íntima libertad en la creación. Por que se en donde estoy y dónde no, te sales, vas, te mueve, y esto significa tu manera de vivir. Por eso tus caminos son otros, tus caminos los eliges tu. La mayoría de las cosas están en tus manos. Te olvidas del paternalismo que ejercen muchos. En mi no existe esto.

Le debo  mucho a Oaxaca. Tengo que saldar cuentas con mi pintura. No tengo que saldarle nada a nadie… sólo con el Arte.  Tengo que ver hasta donde Oaxaca me dijo… “es por el camino del Arte”, y no quiero fallar.

 

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Ultima revisión : 07/06/2005